miércoles 21 de diciembre de 2011

2011: luces y sombras de Colombia desde fuera


De la columna Impresiones de un extranjero en Colombia, publicada en la sección de Opinión
por Manuel Luis Sánchez en La República el sábado 17 de Diciembre de 2011


En este último artículo del año de la columna: “impresiones de un extranjero en Colombia” resumo como un cuadro de luces y sombras aquello que me ha llamado la atención, impresionado y provocado del año 2011 colombiano.
La primera luz está relacionada con la tenacidad del ejercito y la policía colombianas en la lucha contra la guerrilla y las bandas organizadas, tenacidad que culminó con la baja de personas como "alias Cuchillo" (en Navidad 2010) o Alfonso Cano. Éstos éxitos, sin duda fruto de una estrategia que viene de la época del Presidente Uribe y ha sido continuada por el Presidente Santos, siguen siendo una agradable sorpresa para aquellos que le apostamos desde fuera a la completa pacificación de Colombia.

Pero al lado de estas luces en un lucha bien complicada, han aparecido sombras en el ámbito de la seguridad ciudadana, sombras inesperadas, al menos para mi. La sensación de inseguridad en muchas de las ciudades de este bello país ha crecido durante 2011 y no parece que los dirigentes políticos se preocupen por ello.
Luces en la intención de legislar para el futuro en materias como la reforma judicial o la simplificación administrativa. Sombras porque finalmente se ha legislado sin analizar los problemas. Se han vuelto a poner parches temporales en temas estratégicos y se ha perdido el tiempo en temas tan anecdóticos como el cambio de nombre del Aeropuerto de Bogotá.
Luces por algunas iniciativas tomadas por el Gobierno que, no por inesperadas, eran menos necesarias. Es el caso de la presentación del Plan de Infraestructuras a numerosos inversores y constructoras extranjeras pidiéndoles su involucración. Sombras porque, una vez más, las promesas han quedado en palabras, los planes no se han ejecutado. Y unos y otros siguen manteniendo la peor enfermedad que padece Colombia en infraestructuras: la pasión por realizar un nuevo estudio antes de ejecutar (estudio que, como en el metro de Bogotá, siempre acaba con una conclusión: el estudio anterior era correcto y el último no era necesario).
Luces en las promesas de reforma tributaria que, desgraciadamente solo han sembrado sombras, al menos para los lectores e inversores extranjeros, como consecuencia del retraso, una vez más, de la eliminación del 4 por mil, del incremento de impuestos y del incremento en la ya muy compleja mecánica fiscal. Sombras porque todo ello ha sido lo contrario a lo anunciado en la campaña del Presidente Santos.
Luces porque, a pesar de las promesas del gobierno, pocos por fuera esperaban que el paro bajase del 10%. Sombras, porque por fuera se sigue esperando que se incremente la formalización de la economía colombiana con medidas serias y profundas, que siguen en el tablero de las promesas, pero carecen de hechos concretos.
Luces, o mas bien un pequeño destello, por el intento de recuperar desde la sociedad civil el control de lo que sucede en el país y exigir a los gobernantes que cumplan y sean honestos. Pero una gran sombra por la inusitada pasividad del pueblo colombiano ante situaciones que no serian aceptables en muchos otros países. No deja de sorprender que nadie fuera a protestar contra los hermanos Moreno o contra los Nule a su regreso a Colombia, que la sociedad acepte fácilmente los acuerdos a los que llega la Fiscalía o que no exista una demanda mas ruidosa por parte de los afectados por el invierno.
Esta gran sombra de la corrupción, de la sumisión de la sociedad civil a la forma injusta con la que se gestionan los casos de corrupción, a la impunidad de tantos ladrones de guante blanco, oscurece muchas de las estrellas que están apareciendo en el horizonte de un mejor futuro para Colombia y los colombianos.

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